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Autorretrato (en el apartamento que alquilo cerca del trabajo) justo antes de tomar un baño por la noche. Madrid, noviembre 2022.

Esta breve serie de autorretratos no la había pensado incluir en mi obra ‘seria’. Entre otras cosas porque rompía con la ortodoxia formal/procedimental del resto de ‘Escenarios’ (todo realizado con cámara de formato medio) y porque (algo que me pasa desde hace un par de años) creía que no tenía nada mínimamente interesante que contar/ofrecer con ellos. Además, cuando viajo a Madrid acabo muy agotado (‘Madrid me mata’ -dice la famosa sentencia-) porque son muchas horas de clase y muchas horas de trabajo fuera de ellas (desde el portátil en casa). Para más inri, mi tiempo extra-académico en estos últimos meses se lo ha llevado por completo la actualización de mi web (supongo que para todo el mundo es agotador publicar una web pero en mi caso, por razones obvias -me refiero a mi enfermiza manía de incluir tanta información detallada de todo, ya sean imágenes, ya sean textos- lo es mucho más).

Como sabemos (lo sabemos sólo si se ha visto esta web en orden cronológico -cosa que no debo dar por hecho, lo tengo presente-), yo había empezado a probar el móvil (para incorporarlo seriamente a mi proyecto ‘Escenarios’) antes de este viaje a Madrid. En la sesión de retratos a mi madre este pasado verano en Cádiz fue la primera vez. Y no me decepcionó nada el resultado. Por tanto, quizás esa conjunción de factores (la actualización de mi web y la desdramatización de la ortodoxia formal/procedimental de mi proyecto ‘Escenarios’ al usar el móvil) me animaron finalmente (pese a mi agotamiento al finalizar cada jornada en Madrid) a realizar estas sencillas piezas y publicarlas.

Actualizar mi web me ha supuesto (durante meses) recuperar, reorganizar y remover toda mi obra personal desde 2009. Incluso en muchos casos ‘acabarla’ porque en su día dejé muchas imágenes sin montar, imágenes que han nacido y he descubierto ahora, muchos años más tarde (pese a que las capturas las hice en su momento). Pero no sólo ha supuesto un -elaborado y agotador- trabajo técnico y metodológico sino algo que también es muy destacable y no puedo obviar: menear tanto mi obra ha implicado (entre otras muchas cosas) hacerlo también con mis recuerdos y emociones de más de una década (y menear emociones cuando eres un sesentón no es lo mismo que hacerlo cuando tienes 30 ó 40 años). Sea como fuere, todo ello finalmente me ha reconciliado con mi parte creativa (la ha reactivado) y he vuelto a hacer fotos para mi proyecto (unas -las de mis sobrinos este verano de 2022- con la ortodoxia del formato medio, otras -como éstas de Madrid- simplemente con el iPhone).

En lo que respecta a esta breve (e intrascendente) serie de imágenes en Madrid sólo señalaré que las realicé en el apartamento Airbnb que, desde hace dos años, alquilo muy cerca del curro (llevo muchos años impartiendo esas clases en la escuela EFTI y siempre me he quedado en casa de mi querida amiga Rosa -una gran fotógrafa, ambos empezamos a la vez nuestras carreras- pero desde la pandemia decidí alquilar un piso cerca de la escuela para evitar el transporte público dado que Rosa vive en la otra punta de la ciudad, lejísimos -ahora he ganado un par de horas más de tiempo cada día-). Pues bien, en ese apartamento, completamente agotado al finalizar el día, probé con autorretratos para este proyecto. Justo antes de tomar un baño caliente relajante antes de irme a la cama, empecé a probar con el teléfono. Y decidí que metería la cámara (el móvil) hasta en la propia bañera (que, por cierto, es pequeña y no me puedo estirar por completo en ella).

Este texto lo he escrito en la segunda quincena de diciembre de 2022.

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