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Mi padre dos días después de cumplir 100 años, viviría dos años y medio más (Cádiz, agosto de 2018)

Mi padre, 2018

Mi padre (se llamaba Antonio) fue un hombre que siempre estuvo conectado al mundo que le tocó vivir (vivió 102 años y medio) y quiso estar permanentemente al día de todos los avances tecnológicos de su momento. Nació con el fin de la 1ª Guerra Mundial (y con la pandemia de 1918, la -mal- llamada ‘gripe española’) y murió el 30 de enero de 2021, con la 1ª dosis puesta de la vacuna contra la COVID19 (no llegó a la segunda). Él fue militar de profesión (coronel de caballería y jinete de hípica) pero, además, un intelectual (escribía de forma espléndida) y, entre otras muchas cosas, fue también un apasionado de la fotografía. También era un apasionado de la tecnología manual y de los arreglos en casa (bricolaje, todo tipo de aparatos técnicos, electricidad, obras de albañilería, fontanería, etc) con lo cual tenía permanentemente nuestra vivienda en perfectas condiciones (así lo recuerdo a lo largo de toda mi vida -algo que, por cierto, han heredado de él mis hermanos Carlos y Rafa-). Y lo hizo hasta ser nonagenario (momento en el cual le prohibimos que siguiera dedicándose a ese tipo de menesteres -por ser peligroso dada su edad-). Él disfrutaba tremendamente con ello. Por suerte, hasta el último momento de su vida mantuvo un muy aceptable (espléndido, dada su edad) estado físico (sólo tenía afectación sonora, una  incómoda sordera si no tenía los audífonos puestos) y una completa lucidez. 

 

Estuvo destinado varias décadas (finales de años 40, años 50 y años 60) en el antiguo Sáhara Español y allí realizó un extenso archivo de fotografías (con su cámara Kodak retina) tanto de su vida militar como de la vida familiar. Y aprendió por su cuenta a revelar negativos y positivos (sin que hubiera agua corriente). También hizo lo mismo con el cine super 8 (en este caso enviaba las películas a revelar a Madrid). Su interés por el medio fotográfico le duró hasta el final de sus días. De hecho, a finales de los 90 hizo la transición fotográfica desde lo analógico a lo digital. Y, como pueden comprobar en esta web, él mismo terminaría escaneando su archivo histórico de negativos en B/N y pasándolo a formato digital (pueden verlo en los retratos que le hice en 2012, cuando él tenía 94 años: se le ve usando el escáner que le regaló mi hermano Rafa -fue una idea genial-). También recuerdo que en aquellas fechas me preguntó sobre la mayor o menor idoneidad de pasarse del sistema operativo Windows (que usan el resto de mis hermanos/as) al de Mac (que uso exclusivamente yo -en mi vida he usado otro sistema operativo- pero le convencí de que no hacía falta y que, en su caso, iba a suponer un retroceso en sus habilidades con el ordenador, algo que a su edad iba a ser una valiosa pérdida de tiempo que no iba a poder recuperar). 

 

En algunos de estos retratos de 2018 (son los últimos que le pude hacer, en 2019 tuve muchos viajes -algunos bastante largos, por Latinoamérica- y en 2020 llegó la pandemia) se puede ver en su muñeca (igual pasa con mi madre) la pulsera con botón rojo S.O.S que, en caso de emergencia -por cualquier causa-, activa una llamada inmediata de auxilio para que sean atendidos lo más rápido posible por profesionales sanitarios y de urgencias. Mi padre me preguntó si se la quitaba para las fotos y le dije que en absoluto, que en esta fase de su vida ellos vivían con esas pulseras y yo, por tanto, les retrataba con ellas. Lo mismo con el bastón que acababa de empezar a utilizar (aunque podía caminar sin él). Nada de falsear nada. Busco una sencilla y modesta naturalidad/autenticidad (pese a que sean retratos posados siempre, no robados -lo que los convierte de alguna manera en ‘menos naturales’: la persona se entrega, aunque sea por unos pocos segundos, al acto del retrato-). Pero una cosa es que los retratos sean conscientes (entre fotógrafo y modelo) y otra que no sean naturales (y serenos, sin estridencias). Creo que se me ha entendido.

 

A manera de sencillo homenaje he decidido incluir aquí un pequeño apartado dedicado a su memoria con una minúscula selección de sus imágenes del Sáhara (están sin retocar, nunca he tenido tiempo para hacerlo -y mi padre no podía porque sus ojos ya no eran tan precisos en una pantalla de ordenador, podía escanearlas pero no retocarlas-). Algunas las he fotografiado directamente de uno de sus álbumes (hecho y labrado a mano por un artesano saharaui en los años 50 -y que se puede ver en esta misma sección de la web pero en mis fotos de diciembre de 2022, en una de las imágenes del reportaje de mi casa en BCN-). También (para este recuerdo/homenaje) he incluido la noticia de su centenario (su cumpleaños) publicada en el Diario de Cádiz así como unas fotografías que le realizaron por esas fechas (no las hice yo, me las enviaron mis hermanos/as) montando a caballo (unas fotografías en las que, pese a haber cumplido un siglo de edad, se ve su correcta postura y su espalda bien erguida a lomos del equino). Mi padre fue durante muchos años director de la yeguada militar de Jerez de la Frontera, en Cádiz.

 

Este texto lo he escrito en la segunda quincena de diciembre de 2022.

Archivo realizado por mi padre (Sáhara) 

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